lunes, 19 de noviembre de 2012

Cuaderno 8 - II

Dejan de cerrar los ojos. Dejan de andar.
El sol, las nubes, el calor, el mundo.
La sociedad que no entra en este cuaderno
los milenios y las campanas que ya no tienen sentido
que ya no suenan anunciando nada
su ruido,
su canción,
su sentido de alarma.

La sombra que embellece a la luz,
el agua sobre el cielo y por debajo,
la mención de la conducta en velo
de escribir por escribir en un cuaderno,
y que se haga por que sí,
por el amor.

Que tenga el contenido de mí mismo
entendiendo que puedo apreciar el mundo en el que vive
no sólo mi impiedad, mis buenas noches,
sino lo universal de cada uno.

Dejar cerrados los ojos, abandonando el control del párpado superior,
intentando filtrar la última estela de luz
y sentir que la paz es en sí porque sí puede.
Que el amor es formular y así será de nuevo
y escribir por escribir, preparando en el camino lo más viejo.
Y dejar que vuelva a mí lo que habré sido
sin sentido capaz, sin la ilusión del perdón
campana vieja, de palo, la que no canta un sonido.

Entender cuán brutal habrá sido la cultura
con los hombres,
que ya no encienden el fuego por el frío.
Que no toman el agua por la sed.
Ni aman por amar,
en este siglo.

Abandonar la campana de palo,
que ya no suena,
y entender el mecanismo del sonido.

Tarea para el fin del mundo.
Objeto de mi objetivo.

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