domingo, 25 de noviembre de 2012

Cuaderno N°8 - IV

Me importó la luna escondida en las nubes, el sábado de noche,
mientras buscaban por ahí las explicaciones,
escuché tus canciones, y después huí.

Te vi caer junto a la lluvia delicadamente sobre todo,
mojando las manos, el papel, la carretera, tu bolso,
te mire caminando desde lejos, con miedo de hablarte
haciendo un hueco con fuego para preservar esta alianza.

Quemado de poco, escribiendo con carbonilla tu nombre,
abandonando el sueño aquel de hacer el por sí mismo,
para darte un abrazo a la vuelta, dejando librado al azar,
los libros, y entonces, el conocimiento...
Las canciones desesperadas. Por ejemplo.

Hacía con la tristeza una figurilla de palo,
sin ojos, ni oído, ni boca.
Tímida. Callada y distante.
Hermosa. Locuaz. Inteligente. Y yo callado.

Me importó la luna, porque quise dártela, pero había nubes,
y la protegían. La noche te cuido.

1 comentario: