Afuera hace frío y voy afuera,
las manos pueden administrar la caligrafía,
una costura delicada entre ideas,
como el suplicio que llora el condenado,
caprichoso como la marea;
las ramas que han sido desvoluntarizadas,
que han sido sometidas por no responder,
ramas fuertes, ramas viriles,
ramas visibles e invisibles,
inservibles al modelo pretendido;
hacen un humito ascendente;
que nubla el cielo de a poco,
así como yo me consumo...
Soy genuinamente una poesía,
el experimentador de la emoción que evadís,
una marquesina que se desalinea,
por tenerte nuevamente mi tesoro de luna,
por no poder dormir con nadie
que no se permita soñarme como a mí me soñó ella,
tan completo, tan irregular e infiel,
viéndome feliz con mi riqueza de sal,
tan real que nada de noche,
en la soltura del agua eminente
al tema musical que aún me suena
en el apedreo constante que la juzga en mi memoria,
en mi versión privativa y distinta de la Magdalena.
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